Nuestro guía nos recomendó este restaurante para cenar y la verdad es que salimos bastante satisfechos por la calidad de los platos elegidos y por la amabilidad de los camareros. La decoración nos pareció muy cuidada, consiguiendo un clima íntimo que acompañó muy bien a la cena. La pena fue ener al lado un grupo de estadounidenses muy ruidosos que nos amargaron la conversación. Por suerte, se fueron a mitad de nuestra degustación y enseguida olvidamos el mal rato pasado. El lomito de res, acompañado de arroz, patatas y ensalada, estaba muy tierno. También acertamos con la elección del filete de mero a la plancha, con idéntico acompañamiento. Para los más golosos, las bombas de chocolate provocaron entusiasmo.
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