Me quedé dos semanas en diferentes habitaciones y cada experiencia fue única.
Cada mañana me despertaba con vistas increíbles a los volcanes y a la montaña, y tuve la suerte de ver cómo el paisaje iba cambiando a lo largo del día. El personal, relajado y cálido, me trató bárbaro desde el primer momento y me hizo sentir como en casa.
Las cocineras son un amor; da gusto verlas trabajar. Gracias, gracias, gracias a tod@s. ¡Ya quiero volver! :)
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